Romanée Conti

Pubblicato: maggio 31, 2015 in El vino, VINO

Romanée-Conti, el mayor de los mitos de borgoña.

Es toda una tarea la de contar qué es eso de Romanée-Conti. ¿Qué vino es ese que alcanza las 200.000 pesetas la botella? ¿Cuál es el mito? ¿Y por qué…? ¿Quién está detrás de todo esto? Y realmente, ¿son para tanto estos vinos? Veamos algunas cosas, a ver si somos capaces de arrojar un poco de luz sobre todas estas cuestiones. Señoras y señores, con todos ustedes… ¡el Domaine de la Romanée-Conti! Una primera pista: es probablemente el vino más prestigioso del mundo. Y consistentemente (no puntualmente, como muchos de los ‘nuevos-caros’), de los más caros también.

Es, con todo derecho, un vino mítico, y como tal, parte de la Historia de Francia, hasta el punto de que se ha rumoreado de la intervención del Gobierno de París para evitar que la bodega pasara a manos extranjeras, al considerarla, en cierta manera, patrimonio nacional. La bodega propietaria del famoso ‘climat’ o pago, el Domaine de la Romanée-Conti, que toma el nombre de la más famosa de sus viñas, posee una de las mejores colecciones de terrenos en Borgoña: la propia Romanée-Conti, pero también en ‘monopole’ (propietario único) La Tâche, y gran parte de Richebourg, Romanée St. Vivant, Grands Echézeaux, Echézeaux y un buen pellizco de la mejor viña de uva blanca, Le Montrachet. Sin duda, algunos de los nombres más grandes de Borgoña.

La bodega se encuentra en el prestigioso municipio de Vosne-Romanée, en la zona de la Côte de Nuits. Aquí están sus viñas de pinot noir, además de en la vecina Flagey-Echézeaux. Producen sólo un puñado de botellas de chardonnay del ilustrísimo pago de Le Montrachet. La producción media total anual de la casa es de 90.000 botellas.

La Historia

Los orígenes de la bodega tal y como ahora la conocemos se remontan a la segunda mitad del siglo XIX, aunque las viñas tengan una historia mucho más larga. En efecto, el nombre de Romanée, utilizado desde antiguo (mitad del siglo XVII), se refiere a los romanos, aunque no se sabe muy bien por qué; podía haber pertenecido a los emperadores, o ser la base de un campamento romano. Nadie lo sabe. Lo que es claro es que no data de tiempos romanos, ya que no había viñas en ella antes del siglo XII. A lo largo de los años fue pasando por varias manos, siendo comprada y vendida por diferentes propietarios, y siempre alcanzando precios mucho más altos que los del resto de las propiedades. Su calidad, y la de sus vinos, ha sido reconocida y documentada durante siglos.

Al comprarla en 1760 el príncipe de Conti, de la familia real francesa, se añadió su apellido al nombre de la viña. El príncipe retiró el vino del mercado, reservándolo para su consumo exclusivo. Como la práctica totalidad del viñedo, fue confiscada en la época de la Revolución Francesa, y posteriormente vendida, y tras pasar por varias manos, finalmente llegó a un tal Jacques-Marie Duvauld-Blochet en 1869, antepasado de los actuales De Villaine. Y es ya en el siglo XX cuando entran en escena los actuales propietarios: en 1942, el padre del actual Aubert de Villaine vendió la mitad de la propiedad a su amigo Henri Leroy, conocido comerciante de vinos y licores de Auxey-Duresses. Así se unen los dos apellidos de las familias que continúan siendo los propietarios, a partes iguales, en la actualidad: los De Villaine y los Leroy.

Hoy día, la dirección está a cargo simultáneamente de Aubert de Villaine (uno de los diez De Villaine que comparten la mitad del ‘Domaine’) y de Henry-Frédéric Roch, uno de los tres hijos de Pauline Roch, propietaria del 25% de la bodega, al igual que su hermana, Lalou Bize-Leroy.

Las propiedades y sus vinos

Los 18.000 metros cuadrados (o 1,8 hectárea, que es lo mismo pero parece menos…) de la Romanée-Conti, una de las denominaciones más pequeñas de toda Francia, producen unas 5.000 botellas al año, que se venden por encima de las 100.000 pesetas, pero que rápidamente, y dependiendo de la bondad de la añada, alcanzan las 250.000 o 300.000. Este pago es uno de los que más tarde se replantaron después de la filoxera, pues aguantó hasta 1947. En la actualidad las viñas tienen, por tanto, 54 años. La exposición ideal, el suelo pobre… no se puede decir exactamente por qué, pero esta viñita da los mejores tintos de toda la Borgoña, elaborados tradicionalmente, con un color más bien pálido pero engañoso: encubre una potencia y una complejidad excepcionales.

La Tâche, cuyas viñas tienen también casi 50 años, de la que se producen cerca de 20.000 botellas anualmente (es el vino de mayor producción de la bodega), es el otro monopolio en su posesión. Es, con poco más de 6 hectáreas, el vino más prestigioso de la Côte de Nuits, después de la propia Romanée-Conti. Incluso es discutido si la calidad de La Tâche es superior a la de la Romanée-Conti, o viceversa.

Con las 3,5 ha. dentro del pago Richebourg (11.000 botellas/año), con viñas de 33 años, se convierten también en el mayor propietario de dicha denominación. De Romanée Saint Vivant se hace una media de 18.000 botellas al año, de las 5,2 hectáreas -más de la mitad del total de la viña- propiedad de la bodega. Esta ha sido la última adquisición, pues hasta el año 1988 no les pertenecía. Aunque se encontraba en régimen de ‘alquiler’ desde 1966, en 1988 por fin se cerro la compra. Completan los tintos las poco más de 3,4 hectáreas de Grands-Echézeaux (algo más de 11.000 botellas de cepas de casi 50 años), y las 4,6 de Échézeaux (cepas de cerca de 35 años) de las que se producen unas 15.000 botellas anualmente. Del celebérrimo blanco Le Montrachet producen unas 3.000-4.000 botellas de las escasas 67 áreas que poseen. Los vinos del Domaine son distribuidos en España por la prestigiosa bodega Vega Sicilia.

Son también propietarios de viñas en Bâtard-Montrachet (17 áreas en la parte de Chassagne), varios ‘premiers crus’ (Les Suchots, Les Petits Monts, Les Gaudichots, Aux Raignots) de Vosne, por un total de 1,5 hectárea, y hasta 3,2 hectáreas de Vosne ‘village’. Pero el vino o las uvas de estas parcelas se venden íntegramente a los ‘negociants’ de la zona, pues parece ser la política de la bodega la de comercializar únicamente vinos de ‘grand cru’, y suponemos que el pequeño tamaño de la parcela de Bâtard la hace comercialmente inviable. El vino de viñas de los ‘grands crus’ embotellados, pero de viñas con menos de 10 años, es también vendido a granel.

Romanée-Conti y Montrachet son los más escasos, por lo que se suele comercializar conjuntamente con el resto de los vinos, con diferentes fórmulas: una botella de cada uno de ellos en una caja con dos botellas de cada uno de los otros cinco, una caja por cada 50 del resto… Y mucho más restrictivo para el blanco, ya que es auténticamente escaso. Son estos vinos los que alcanzan los precios más altos. Aunque antiguamente se producía sólo en las añadas que lo merecían, en la actualidad se producen prácticamente todos los años. Excepcionalmente, el vino de Le Montrachet de la excelente añada de 1992 no fue comercializado. Hablaron de problemas en la fermentación (se ha hablado de un fallo con la entonces novedosa técnica de ósmosis inversa), y que no estaban contentos con el producto final.

Todos los vinos, hasta el año 1985, se embotellaban a mano directamente de cada una de las barricas. Esto generaba unas variaciones de una botella a otra que provocaban a menudo quejas de algunos de sus clientes. Desde ese año (incluido) se cambió la política, y se embotellan los vinos después de mezclar el contenido de seis barricas. Con esto se reduce la variación de unas botellas a otras, aunque no se logra la homogeneización total, lo que puede todavía llevar a suspicacias, pues es fácil pensar que si alguna botella es mejor, puede que se quede en una de esas buenas tiendas de París en vez de ir al cupo del importador de, digamos, Malasia…

Por nuestra experiencia, podemos decir que los vinos de la casa muy difícilmente defraudan. El tema de los precios ya es otra cosa. Llega una cantidad de dinero, por encima de la cual es muy difícil justificar el precio de un vino. Es ya una cuestión personal si uno se gasta o no el dinero en una botella. Unos se lo gastan en una partida de golf en Valderrama, y otros en una botella de La Tâche… La ley de la oferta -baja- y la demanda -alta- también desempeña su papel respecto a los precios. Eso si, La Tâche y Romanée-Conti no tienen competidores, mientras que sí los tienen los demás vinos de la casa: hay otros muy buenos Richebourgs, Montrachets o Romanée St. Vivants…

Escisiones e historias en solitario

Como hemos explicado, desde hace más de medio siglo, el nombre de la bodega va unido al también prestigioso nombre de Leroy. La familia Leroy es copropietaria de la casa desde 1942, encargándose además de la venta y distribución de los vinos en la práctica totalidad del mundo. Después de años de gestión de las dos hermanas Leroy, la famosa Lalou -famosa por su carácter, y sobre todo por el Domaine Leroy- y Pauline Roch, esta última, junto a De Villaine, deshizo la dirección de la casa, apartando de ésta a Lalou en 1991, por ‘discordancia de criterios’ en cuanto a la distribución de los vinos. Lalou se concentró desde ese momento en desarrollar el Domaine Leroy y el Domaine d’Auvenay.

Además de continuar con la facción ‘negociant’ de Leroy, Lalou Bize-Leroy había comprado ya en 1988 lo que fue el antiguo Domaine Nöellat (con una atractiva colección de viñas en ‘premiers crus’ y ‘grandcs crus’), para lo que sería a partir de ese momento el Domaine Leroy. Este ha sido agrandado sucesivamente con pequeñas adquisiciones. Otras limitadas cantidades de blancos y tintos, se embotellan bajo el nombre de la propiedad personal de Lalou, el Domaine d’Auvenay. En Leroy hay varios accionistas además de Mme. Leroy, principalmente el grupo japonés Takashimaya (grandes almacenes). Cuando Takashimaya entró en Leroy, hubo un gran revuelo por las confusas noticias que afirmaban que el Domaine de la Romanée-Conti había sido comprada por los japoneses. Finalmente, el Domaine tuvo que hacer pública una nota aclaratoria, diciendo que no había ninguna pérdida de ‘patrimonio nacional’, como había sido publicado por los más sensacionalistas.

El hijo de Pauline Roch, Henry-Frédéric Roch, además de co-administrador de la Romanée-Conti, es dueño de Prieuré-Roch en Nuits-St.-Georges, donde produce una variedad de tintos que todavía necesitan afinar su calidad y rebajar su precio. Aubert de Villaine elabora, junto a su esposa Pamela Fairbanks, unos agradables blancos y tintos en su bodega personal, el Domaine A & P de Villaine. Se han especializado en el más humildes de los blancos producidos en la Borgoña, el aligoté, de la mucho más humilde denominación Bouzeron, en la Côte Chalonnaise. Desde hace algún tiempo también participa en una bodega en Provenza, Domaine de Triennes, junto a Jacques Seysses, propietario del conocido Domaine Dujac de Morey-Saint-Denis.

http://www.mundodelvino.com

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