Los vinos y la dieta mediterranea

Pubblicato: maggio 29, 2014 in El vino, VINO

Degustar la comida libanesa es siempre una gran experiencia, ya que sus sabores acentuados necesitan siempre un acompañante que atenúe su fuerza y al mismo tiempo, genere en nuestro paladar una sensación única. Este acompañante al que me refiero es, por supuesto, el vino.

Líbano es precisamente uno de los países donde se inició la historia de la vitivinicultura y se trata de una de las regiones cuyos vestigios de la cultura griega, romana y otomana se pueden apreciar a través de las ruinas arqueológicas que se mantienen aún de pie como el templo dedicado al dios Baco, heredero de Júpiter quien fue el iniciador del cultivo de la vid y el maestro de la fermentación.

Excavaciones en la ciudad de Biblos muestran que ahí ya existían las viñas desde hace 5.000 años. Los fenicios, pueblo dedicado al comercio y cuya hegemonía duró de 1200 hasta el año 330 a. C., fueron seguramente los primeros en introducir las primeras vides utilizadas para la elaboración del vino. Así, el Templo a Baco demuestra la importancia del vino y la viticultura por aquel entonces. Durante la Edad Media los vinos del Líbano eran excepcionalmente apreciados y no sólo en el interior del país sino en toda Europa, se bebían los vinos de Tiro o de Sidón.

En el valle de la Bekaa, con la ciudad de Baalbek como punto esencial, forma el actual centro del área viticultora libanesa donde se cultivan viñedos hasta una altura de 1.000 metros; ahí, las condiciones climáticas son absolutamente favorables: el sol brilla 300 días al año y la proximidad del Mediterráneo funciona como regulador de la temperatura. Las noches en estas altitudes son especialmente frescas y registran precipitaciones abundantes que ayudan a la maduración total de las uvas antes de la cosecha.

Situación actual de Líbano y sus viñedos

Lamentablemente, Líbano ha sido opacado por la cercanía con Siria y los problemas políticos, económicos y sociales restan interés por viajar a aquella región o simplemente repercute a nivel mundial en el mercadeo de sus productos. Hasta comienzos de la década de 1980 la demanda de vinos era grande, pero con la guerra del Líbano el consumo se redujo y la mayoría de las propiedades vinícolas no pudieron recolectar sus cosechas durante varios años.

En la actualidad, la superficie de plantación de viñedos asciende a 27.000 hectáreas. De la producción anual se destilan unos 300.000 hl a la elaboración de vinos, mientras que el resto se comercializa en el mercado como uva de mesa. En la elección de las variedades de uva predominantes se han tomado como referencia las zonas vinícolas francesas, puesto que el Líbano estuvo bajo mandato francés entre los años de 1920 y 1947.

Durante esta época se plantaron muchas de las viñas que en nuestros días producen un notable rendimiento. Las variedades de uva predominantes son sobre todo las tintas Cinsault, Carignan, Mourvédre, Garnacha y Alicante, además de la Cabernet Sauvignon y la Syrah. Los vinos de mezcla con Cabernet Sauvignon son la especialidad de la famosa propiedad vinícola Château Musar, Kefraya en Ghazir, las cuales maduran en barricas de roble francés ya desde mediados del siglo XX. Estos vinos son pesados y fuertes, afrutados y especiados.

Algunos vinos del Líbano son comparables incluso a las grandes cosechas del vino australiano selecto Penfolds Grange. Los vinos blancos que gozan de mayor aprecio son hechos con uvas Sauvignon Blanc, Ugni Blanc, Sémillon y Chardonnay. Entre los vinos que destacan de esta región del mundo podemos citar los siguientes: Arak, Chateaux Ksara, Masaya del Tanil y Chateaux Kefraya.

Paradoja de paradojas: Marruecos y su entrañable tradición por el vino

Esta tierra de ensueños es una gran productora de vinos; su venta se encuentra bajo estrictos decretos reales que rigen las costumbres de los marroquíes musulmanes que constituyen el 98% de la población. Si un musulmán es sorprendido en un estado de consumo elevado de vino, es inmediatamente puesto a disposición de las autoridades y deberá acatar las sanciones establecidas. A pesar de estas estrictas normas, los marroquíes consumen 50 millones de litros de bebidas alcohólicas al año.

Una de las zonas que destacan en Marruecos en la plantación y producción de vino es Meknes, donde podemos ubicar el viñedo Château Roslane con más de 2.000 hectáreas, propiedad del más antiguo productor de vino del país y tiene además la única licencia en Marruecos que dice Appellation d’Origine Contrôlée (AOC), un sistema francés que garantiza que el vino proviene de una región geográfica determinada.

A vuelta de página, un poco de historia

La primera evidencia que se tiene de producción de vino en Marruecos data del tiempo de los fenicios, en el primer milenio antes de Cristo. Admirado por los romanos, el vino marroquí era enviado en grandes cantidades a Italia. Durante los años del Protectorado francés a principios del siglo XX, los galos colonizaron la región de Meknes, en las faldas de las montañas Atlas, al plantar cientos de kilómetros de viñas para satisfacer la necesidad de los compatriotas que vivían en este país del norte de África, pero también para el consumo de Francia, hasta que el tratado de Roma de 1957 prohibió la mezcla de vinos; de hecho, el fuerte vino de Marruecos, de un color rojo muy intenso, era enviado a Francia para robustecer a veces al apagado vino francés. Después de que Marruecos ganó su independencia, el rey Hassan II ofreció a extranjeros parcelas de tierra durante la década de 1960 a precios realmente bajos para que estos continuaran con la producción de vino. En los últimos años, la producción de Marruecos ha superado los 300 mil hectolitros.

La bebida

Los conocedores coinciden en que Marruecos, que se beneficia de las brisas del Atlántico, es el país de la región con mayores posibilidades de producción de vinos con las características del gusto de los países consumidores. A partir de uvas Garnacha, Syrah, Cariñena, Mourvèdre, Boushet del Alicante y Cinsaut, suelen obtener unos caldos ásperos y de alta graduación que en parte se destina a la exportación para su mezcla con otros zumos europeos.

De los vinos que actualmente elabora, los más apreciados son los vinos rosados de las viñas de las colinas del Atlas, entre Meknes y Fez. La segunda región en importancia se encuentra entre Rabat y Casablanca que produce unos robustos vinos tintos. En Marruecos, se lleva a cabo la Fiesta de la Vid a la que asiste un gran número de personas provenientes de diversos países y pertenecientes a la diplomacia, a los negocios y al turismo. Se trata de un gran encuentro para disfrutar el vino de la región, sin embargo, a este encuentro el número de marroquíes presentes es muy limitado, por ello es una paradoja de paradojas: en una tierra donde inició la historia de la vitivinicultura y el consumo local, se ve restringida por las leyes y costumbres imperantes.

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